
A las 4:00 a.m., cuando el cielo de la comunidad indígena Pakun (Bagua, Amazonas) aún no termina de amanecer, Cleotilde Facundo Augtukai ya está de pie. Entre el humo del desayuno y el cuidado de sus tres hijas —Yuri (9), Ana (6) y Yaritza (3)—, la mujer Awajún de 28 años prepara su jornada, que se divide entre la agricultura, la crianza de aves, la artesanía y la urgencia de supervivencia ante las frecuentes inundaciones que amenazan a su comunidad. En medio de esta incertidumbre que se agudiza especialmente en épocas de lluvias, Cleotilde se ha convertido en la voz que guía a sus vecinos y vecinas hacia zonas seguras de evacuación.
Pakun es una comunidad que alberga a cerca de 300 pobladores Awajún, según el Censo Nacional 2017. En la última década, sus habitantes no solo se han visto afectados por las lluvias extremas e inundaciones, sino también por derrames de petróleo, incendios forestales, sismos y olas de calor.
Fueron las pérdidas continuas de sus cultivos y animales de crianza por el desborde del río Chiriaco las que motivaron a Cleotilde a no quedarse de brazos cruzados. El 28 de noviembre de 2025, 10 familias y varias comunidades del distrito de Imaza —entre ellas Pakun— resultaron perjudicadas por este fenómeno climático, según reportes de medios locales.
La joven Awajún lo recuerda como si hubiese ocurrido ayer porque confiesa que, hasta ahora, no ha logrado recuperarse del todo: “Se llevó todo: plátano, maíz, yuca. Se llevó mis gallinas, entre 30 y 40. Yo me quedé sin nada, de verdad”, lamenta.
Gestión del riesgo con voz propia
Frente a este panorama descrito por Cleotilde, desde hace tres años, el proyecto Respuesta Indígena Rápida de Acción contra el Hambre viene fomentando la Gestión del Riesgo de Desastres (GRD) del pueblo Awajún en el distrito de Imaza, un proceso que comprende la organización, la preparación y la prevención comunitaria ante emergencias y desastres naturales.
Bajo el liderazgo del Gobierno Territorial Autónomo Awajún (GTAA) y el acompañamiento técnico de Acción contra el Hambre, se construyó un modelo de GRD, sostenido en prácticas comunales, lenguaje propio, saberes ancestrales y formas diferenciadas de aprendizaje. Tras identificar los riesgos en sus territorios, las 19 comunidades Awajún donde se ejecutó la iniciativa —entre ellas Pakun—, elaboraron sus propios planes de emergencia y organizaron comités que les permiten saber qué hacer antes, durante y después de una emergencia.
Hoy, como responsable de evacuación y seguridad del Comité Comunitario ante Emergencias y Desastres (CCAED) de Pakun, Cleotilde ha transformado el miedo en acción. Por primera vez, se animó a convertirse en la líder voluntaria que, con su chaleco azul y micrófono en mano, forma parte del comité que organiza simulacros y alerta a las familias para salvar vidas cuando el río crece.
“Cuando hacemos simulacro, llamamos a las mamás para que salgan, saquen a sus bebés y perros. [Ellas me piden que siga] haciendo eso para que nosotros sepamos qué hacer cuando suceda”, recuerda.


De hecho, Cleotilde destaca como una de las tres mujeres que integran este equipo, capacitado en Gestión del Riesgo de Desastres (GRD) con metodologías con enfoque de género, intercultural y participativo.
“Antes no entendíamos [qué era GRD], pero después con los talleres y el traductor Awajún, entendemos mucho mejor cómo hacer cuando hay inundaciones, picaduras de culebras o incendios”, explica. Su presencia es significativa: en comunidades donde el liderazgo suele ser masculino, la participación de mujeres y jóvenes es clave para reducir las brechas de género.
Una voz que rompe el silencio
Sin embargo, el camino no ha sido sencillo. Cleotilde confiesa que son varios los espacios donde las opiniones de las mujeres no suelen ser tomadas en cuenta. Así, entre prejuicios, sus voces terminan siendo silenciadas.
Por eso, aunque al principio prefería mantenerse callada, tras escuchar las palabras de empoderamiento de Lucila Sejekam —kakajan (autoridad) del sector Buchigkis y la única mujer entre los 20 kakajam del pueblo Awajún— y participar en el CCAED, supo que, al igual que los hombres, las mujeres también tienen derecho a manifestar sus demandas.
“Desprecian a las mujeres, discriminan. Eso a mí no me gusta. No tienen que dejar a la mujer en una esquina. Somos iguales”, enfatiza Cleotilde.
El arte de la independencia
Frente a las barreras estructurales que afrontan sus compañeras en diferentes espacios, el año pasado Cleotilde decidió unirse a otras 10 artesanas para fundar la Asociación Inchitush (ave amazónica de siete colores) de la Comunidad Pakun. Como presidenta de esta organización, busca que la bisutería Awajún sea el motor que costee los útiles escolares y el futuro de sus hijas e hijos.

Las semillas de huayruro, bakish y wayampé que recolecta en los bosques no son solo materia prima para collares, pulseras y otros accesorios; son el vehículo de una herencia que recibió de su abuela y su madre, y que hoy defiende como una herramienta de libertad. “Yo también tengo que buscar algo para mis hijas”, dice con firmeza, explicando que su trabajo como artesana nace de la convicción de no depender económicamente de nadie.
Por esa misma razón, desde ahora le enseña este arte a sus tres pequeñas hijas: “Cuando sean grandes, tienen que hacer también sus pulseritas. Que aprendan y que valga algo para sus estudios”, indica.

Al final del día, mientras Cleotilde sigue promoviendo la autonomía económica de más artesanas, también consolida la gestión de riesgo de su comunidad, convencida de que una población preparada y con mujeres líderes es la única garantía para que Pakun pueda recuperarse de un próximo desastre de forma colectiva.
La artesana Cleotilde Facundo Augtukai es una de las beneficiarias del proyecto Respuesta Rápida Indígena, ejecutado por Acción contra el Hambre, articulado con el Gobierno Territorial Autónomo Awajún y financiado por la Unión Europea Ayuda Humanitaria ECHO.



